Cómo enfadarse como Jesús
Pablo nos ordena en Efesios 4:26: “Enfureceos y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”.”
He oído muchos sermones sobre la parte de “pero no pequéis”: la ira puede dar lugar al diablo (Efesios 4:27) y dar origen a todo tipo de infiernos en las relaciones.
También he oído muchos sermones sobre la parte de “no se ponga el sol sobre su ira”: albergar y avivar la ira día tras día puede llevar a entristecer al Espíritu Santo a través de la amargura, las rabietas, el gritar, la calumnia y la malicia (Efesios 4:30-31).
Pero no he oído ningún sermón sobre estas dos palabras: “énfurecete” o "enojaos".
Enfadarse
Pablo asume que estar enojado es parte de nuestro llamado a imitar a Dios en amor (Efesios 4:17-5:2). El amor de Dios da espacio para el enojo; no podemos imitar a Dios, indica Pablo, a menos que aprendamos a enojarnos bien.
Al contemplar un mundo de injusticia y abuso, incluso en la iglesia, podemos aprender a enojarnos unidos en amor. Y aprendemos esto de la misma manera que Pablo: de Jesús.
Aprender a enfadarse de Jesús
Jesús se enojaba. Regularmente. Y vemos un patrón en su enojo: cada vez que alguien vulnerable o indefenso sufría una injusticia a manos de los fuertes y poderosos, Jesús se oponía a esta injusticia con un amoroso enojo.
Aquí hay una pequeña muestra de textos en el Nuevo Testamento que nombran explícitamente la ira como la respuesta de Jesús a la injusticia o la opresión:
- Marcos 1:41 – Jesús se “indigna” por la enfermedad de piel que tenía un hombre (este suceso es debatido; algunos manuscritos tienen la palabra “compasión” en su lugar. Pero creo que la ira funciona por las razones que mencionaré a continuación).
- Marcos 3:5 – Jesús siente “ira ante la dureza de su corazón” porque los líderes religiosos se oponen a que Jesús haga el bien en el sábado (sanando la mano reseca de un hombre).
- Marcos 10:14 – Jesús se enojó con sus discípulos por regañar a las personas que intentaban llevarle a sus hijos para que los bendijera.
- **Juan 2:15 y Marcos 11:15** – Los relatos de Jesús limpiando el Templo muestran ira: Jesús expulsa a los animales con un látigo y arroja a las personas que compraban y vendían, volcando sus mesas.
- Mateo 9:19 – Después de su transfiguración, Jesús baja de la montaña y encuentra a sus discípulos discutiendo con los líderes religiosos y dice: “¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y hasta cuándo he de soportaros?”
Esto es lo que noto sobre la ira de Jesús (¡organizado en un pequeño sermón de 3 puntos con aliteración!):
Jesús se presenta a su enojo.
Jesús no ignora su enojo e intenta mantenerse “positivo” negando, menospreciando o manipulando sus propios sentimientos. Tampoco está Jesús atado por su enojo. Más bien Jesús está presente en su enojoenfrenta su ira, la siente y, al hacerlo, es plenamente Dios y humano.
2) Jesús es claro sobre el propósito de su ira.
Jesús se enoja cuando otros sufren. Su enojo es el amor de Dios moviéndose para oponerse a aquellas personas y fuerzas que obran en el mundo para robar la shalom.
La ira es cómo el amor de Dios responde a la injusticia.
3) Jesús navega el poder que opera en su ira.
Jesús elige responder con ira cuando los que no tienen poder sufren a manos de los poderosos:
- La enfermedad tiene a un hombre en su poder y este se siente impulsado a la ira para liberar al cautivo.
- Líderes religiosos se niegan a afirmar la sanación en el Sabbat y Jesús se entristece airadamente por su mal uso de la autoridad.
- Los discípulos regañaron a otros por llevarle niños sin importancia y sin poder a Jesús. Jesús responde con enojo porque estaban usando mal su poder para excluir a alguien de su presencia.
- Asimismo en el Templo: los ricos y poderosos establecieron un sistema de explotación y abuso que se aprovechaba de los pobres. Su enojo interrumpió y denunció proféticamente este sistema injusto y explotador.
- Asimismo, después de La Transfiguración: cuando Jesús encuentra a sus discípulos discutiendo con los expertos en la ley, Jesús responde con frustración y enojo, sana al niño con el espíritu maligno y luego les dice a sus discípulos por qué no pudieron sanar al niño: “Este tipo de demonio solo sale a base de oración”. Esta es una gran reprimenda: los discípulos, en lugar de orar y centrarse en el niño, se estaban centrando en los poderosos expertos en la ley en una discusión. Los discípulos se estaban enfocando en lo incorrecto (ganar una discusión en lugar de orar y sanar al que sufría injusticia), y esto enfureció a Jesús.
Jesús se manifiesta en su enojo ante cualquier cosa que perturbe el shalom y la justicia del reino de Dios. Esto ocurre con mayor frecuencia a través del mal uso de la autoridad y el poder: el mal liderazgo de los humanos (líderes religiosos) y los espíritus malignos (principados y potestades).
Así es como Jesús se enoja, y así es como Dios se enoja, y los humanos deben enojarse.

Aplicando nuestra ira
Aquí hay algunas implicaciones para nosotros al enfrentar nuestra respuesta a la injusticia y la opresión, ya sea cerca de casa o en lugares lejanos:
Está bien sentirse enojado.
Las cosas malas enfurecen a Dios y también deberían enfurecernos a nosotros. La ira es la forma en que el amor responde al mal.
2) Debemos discernir cómo opera el poder en nuestro enojo.
La ira como respuesta a la injusticia para los que no tienen poder no es lo mismo que la ira como arma en manos de los poderosos.
La ira es a veces la única forma en que una persona impotente puede protegerse. De hecho, muchos de nosotros que estamos en contacto con nuestra propia ira, aprendimos primero a enojarnos en situaciones vulnerables donde corríamos peligro.
Pero la ira en manos de una persona poderosa puede ser utilizada para silenciar, coaccionar, dominar, intimidar, manipular, etc.
Debemos discernir el trabajo que la ira está haciendo en cada situación: ¿quién está enojado? ¿Por qué? ¿Qué trabajo está haciendo esto aquí?
Es bueno sentir enojo cuando las personas son dañadas, incluyéndote a ti.
No fuiste creado para hacer daño. El daño no es tu derecho de nacimiento, la bendición sí lo es. Dios también está enojado por el daño que te han hecho.
Dios también se enoja ante la injusticia. De hecho, la ira de Dios es cómo el amor de Dios se opone a la injusticia y al mal.
4) Debemos aprender a enojarnos en el amor.
Mantener nuestro enojo en amor por nosotros mismos y por los demás. Dar espacio a la ira piadosa es una respuesta necesaria al abuso y al mal en nuestras iglesias.
Aprendamos a enojarnos con Jesús.
Veamos cómo opera el poder en las injusticias: los niños agredidos sexualmente, las mujeres embarazadas por manipulación (grooming), los subordinados acosados psicológicamente (gaslighting) y coaccionados.
Y busquemos justicia para quienes han sido lastimados, alineando el propósito de nuestra ira con el de Dios.
Imitando a Dios juntos, busquemos el amor que tiene espacio para la ira justa, sacrificial, que nombra el mal, que busca el reino y que dice la verdad en nuestra búsqueda de justicia para todos los que sufren opresión.
Este trabajo de Gravity Commons está bajo la licencia CC BY-NC-ND 4.0
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